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lunes, 14 de marzo de 2016

Mi Calle Arenal, La Malagueta (II Parte)

Mi madre era un personaje que sabía sacar a la vida el jugo de la enseñanza diaria para aprender y posteriormente enseñar con dulzura y mucho amor lo que creía justo. A esa impronta, a esa categoría de ser humano se unía la delicadeza sutil y el amor a la cultura en general y al arte de la danza, el cine, la fotografía y el teatro, en particular ofreciendo siempre su conocimiento y sensibilidad a todo los que la rodeaban sin alardes y con humildad.
Mi madre, fue todo cultura, educación
amor y ternura para nosotros
Me encantaba de pequeño mirarla, más que mirarla contemplarle el rostro relajado y sereno mientras explicaba con alguna respuesta sencilla las más que comprometidas preguntas que la hicimos. Era un lujo aprender de pequeño estas lecciones que nos otorgaba con el magisterio de la maternidad; son ocasiones únicas  que la vida te pone en las manos para que no la olvides nunca. Cierto también es que uno se acuerda con los años.
Con mi padre en el negocio "Garaje Norte" de calle Fernando Camino 13. Se
trata de un Amilcar que compró mi padre con matrícula MA-1819, era el Bugatti de los pobres.
Las dificultades y las penurias de una Málaga en los 50´s, incipiente y luchadora, pero sin estructuras sanitarias en aquellos años, recordemos las casas de madera en las que se vivía en la Malagueta. Esa falta de infraestructuras no permitían que las casas en que habitábamos y corralones estuvieran en las mejores condiciones, y muchas de las enfermedades habituales (tifus y asma reumática por humedad) entre los niños que nacimos en aquellos años (1949) eran por la falta de higiene general. Después de un tifus que pasamos todos en casa me tocó, algo que a mi padre le encendía el alma al escucharme toser, el asma producida por una humedad que no perdonaba a mis débiles pulmones y me flagelaba en cada esfuerzo o intento de juego.
Calle Vélez Málaga, derribadas parte de las casitas de madera, jugamos al
futbol en lo descampados que quedaban en el barrio.
Campos de tierra, balones de badana, lineas de cal y a jugar. Era todo un sueño.
Mucha imaginación pero asimilaba en mi adolescencia para crear sueños.
En un momento determinado creíamos que había gradas y Matías Prats
retransmitía nuestro partido.
Las casas estaban construidas en la Malagueta en terrenos ganados al mar, prácticamente se encontraban con las aguas del Mediterraneo en la base de su cimentación y la humedad era insoportable. Tanto era así, que en el negocio de mi padre en la calle Fernando Camino, existía un pozo pero era de agua filtrada de la mar. Un agua que solo servia para fregar los cacharros, los suelos y con el jabón Lagarto ducharnos en la bañera a base de cubos subidos desde el local.

La Malagueta poco a poco tomaba nuevas formas. Hotel Miramar y construcción de
 los pisos de Canton. Fue sin dudarlo la Plaza de Toros (1.875) quien tiene el detonador
y  quien puso en marcha la revolución urbanística del barrio.
El Miramar, como le decíamos de niños, era todo un lujo. Allí se hospedaron gente de la cultura,
las letras, la tauromaquia, el cine, teatro...recuerdo mucho a Micahel Tood, marido de Elizabeth
Taylor, que rodó en  Málaga la película "Perfume de misterio". Es la primera que recuerdo.
Luego Lawrence Harvey y Lee Remick,  dirigidos por por Carol Reed  interpretaron
"The Runnig Man" que rodaron en la Costa del Sol.

Lee Remick y Laurence Harvey extraordinarios actores que trabajaron en Málaga

Guapísima Lee Remick nacida Quincy (Bostón) USA.
Murió de cáncer en julio de 2003


Cartel de la película que rodó en nuestra capital como agente
secreto femenino junto al actor Toni Franciosa.
Fotograma en la Plaza de la Marina y
en el ruedo de rojo para librarse de un toro.
En esta película trabajamos toda la pandilla de extras.
El médico pediatra que nos atendía a la familia era Felix García Palacios y les recomendó a mis padres que tomara una sobrealimentación y me subieran cada vez que fuera posible a la Cuesta de la Reina.  Trece infernales kilómetros de subida continua con más curvas que una dama y, cada vez que me subía en el coche para ir a casa de Joseito junto a la fuente me ponía malísimo porque sabía que me iba a marear en el trayecto.
De marinero en mi primera comunión
El olor que desprendía el interior de aquellos Seat 1400 B era todo un poema para mi. Miraba a mi madre cuando pasábamos por la calle Victoria para salir a las primeras rampas de acceso a la subida a los montes, ella volvía su cabeza con una sonrisa y con su habitual dulzura casi me imploraba “No digas nada,...que es peor. Canta algo hijo”. Me arrancaba por Antonio Molina y su “Paloma Blanca” o “Cocinero Cocinero”, era tan malo cantando que todos mis hermanos le decían a mi madre “mamá que no la termine por favor y vamos a jugar al "Veo Veo”. De esta manera tan bonita transcurría mi juventud repleta donde la vida no apretaba o al menos no me daba cuenta de ello. Así recorrimos aquellos interminables kilómetros para llegar por fin a la Fuente de la Reina; eran todo un desafío y una aventura entrañable.
Los Montes por donde corrí, salté, disfrute y hoy recorro en la nostalgia del tiempo
y el cariño que les tengo. ©Antonio Diestro
El amor que sentía de los dos era descomunal, muchas veces me avergonzaba porque mi madre compraba pasteles que me había recomendado el médico (sobrealimentación) y me los tenía que comer ante la mirada de mis hermanos. Para era terrible. Pero también era una suerte tenerlos tan cerca porque se creó un vínculo que hoy es mucho más fuerte y cariñoso. Recuerdo, como si fuera hoy, que después de llegar tarde del trabajo a casa, en mitad de la noche mi padre se levantaba para prepararme un vaso de leche con un trozo de mantequilla, de los de verdad, con toda su nata y dos cucharas soperas de condensada Nestlé. No le oí nunca llegar a mi cabecera en el cuarto donde dormíamos los tres mayores, pero sentía como unas manos duras, fuertes forjadas por la vida y el trabajo, levantaba mi cabeza y acercándome al vaso que había preparado en la cocina de nuestra casa en calle Arenal, me susurraba muy bajito para que mis hermanos no se despertaran, “ abre la boca hijo y traga despacio...esto te viene muy bien” cuando entre sueños terminaba se volvía a su cuarto para dormir. Cuanto amor y ternura que no sabía medirlo más que con el paso del tiempo. Así noche tras noche, con subidas a la Cuesta de la Reina cuando se podía que no fue siempre.

Es una delicia pasear por cada rincón de este Espacio Natural  que siempre me lleva
a la infancia, a mi barrio y a mi calle. Es mi casa es Málaga. ©Antonio Diestro

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