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viernes, 11 de marzo de 2016

Mi Calle Arenal, La Malagueta (I Parte)

A mi tierra Málaga y sus Montes; así me inculcaron estar orgulloso de mi cuna en casa.

Tan solo una licencia en la reflexión que me otorga la edad para el recuerdo: A ti Papá, sobre todo a ti Mamá, ...
“gracias por parirme aquí en esta bendita y maravillosa tierra, porque no se puede estar más cerca del paraíso. Vivir en Málaga y tener tanta bondad humana a mi alrededor. es todo un lujo por el que tenga que dar también las gracias”.

La Malagueta en los cincuenta en plena fase de desarrollo. Entre la Calle Arenal
y el resto de calles terreras y sin agua crecimos orgullosos de nuestra cuna
He tenido la suerte de nacer en esta tierra bendita de Málaga, elegida ya por mis padres para desarrollar, tras la guerra fratricida española (como todas las guerras), su núcleo familiar y de negocio posteriormente. Después de pagar, mi padre, su estancia en la parte republicana. No es ningún reproche, como él puntualizaba “sencillamente me tocó ahí”. 

Vista aérea del puerto a la derecha el barrio de La Malagueta
Recuerdo mis primeros años con la inocencia por bandera y pleno de felicidad, como un lujo de cariño y enseñanza llevada por la ternura. Mi madre era una gran artista y algo de esa gran sensibilidad la depositó en mi para que la desarrollara, por lo que siempre me he sentido un privilegiado. Es un don de la naturaleza me decía “Utilízalo para sembrar el bién”.

Pocas eran las casas edificadas de obras y si la mayoría eran casas de madera
y corralones donde discurría nuestra infancia en las calles
Jugaba al futbol con los amigos de la infancia en los “descampaos” que rodeaban mi calle: La calle Arenal. Allí estáamos un montón de chavales dándole patadas a un balón de badana con dos mojones de piedra como porterías. Era una especie de terrizo que dejaron los Baños de la Estrella en su decrépita ruina con más pena que gloria. Muy cerca de los muros que encerraban una maravilla que incluso tenía piscina y pista de tenis, aun existe pero sin saber que será de su futuro, el Hotel Miramar. 
Por este tramo pasaba el tren para Vélez, pueden observarse las casa o
chabolas que circundaban mi calle, Arenal, Cervantes y  Fernando Camino
hasta llegar a las "rocas"
Mari Carmen Ferrer, Marisol su hermana y algo más a la derecha estaba la
carbonería y también vivía Angelita Zamorano. En esta foto ya  han derruido
las casas de madera que aún quedaron en el barrio,
Isidro, Paco, Jorge, Migue, Tomás, Vicente, Antonio…y las niñas… Manoli, Marisol, Angelita, Mari Carmen,… éramos amigos de pleno derecho en aquel barrio incipiente lleno de casitas de madera o chabolas de pescadores, mucha mugre, pero se suplía con amistad y con el hoy por ti mañana por mi. Una imagen que bien la hubiera querido mi admirado italiano Passolini o De Sica para una de sus geniales películas. Pero entre el Pasaje Ruiz Blaser, y el puerto, se alzaba la vía del tren. Vas estrechas por la que circulaba “La Cochinita” que con su silbido al pasar por la Malagueta, además de advertir, ponía un contraste de modernidad en los hogares sin agua y en los corralones donde se vivía un poquito apretaos, pero con mucha dignidad. 

Vista de la Calle Cervantes con la Torre de la Hidroeléctrica del Chorro, al fondo
las naves de los tranvías y a la derecha tras las casas de adobe blanco,
el Garaje Inglés y Ceregumil
Desde el puerto pasaba el tren de Véles por nuestro barrio cada vez que
se acercaba era todo un acontecimiento para nosotros en el barrio 
Tras el colegio en los Pisos de Cantón “Colegio Montesori” corrimos a cambiar cromos, jugar a las bolas o cuando nos dejaba pegar patadas al balón. Pero en nuestra escasez se daba mucho valor a lo poco que había y esa premisa marcó parte de mi vida. Valorar y dar sentido a todo lo que está al alcance de la mano procurando no necesitarlo todo para compartir.

Debido a los problemas de abastecimiento de agua el Ayuntamiento
encargo a José Mª de Sancha unas fuentes para que llegara el agua
a los ciudadanos. Esta es la Fuente de la Olla en la Malagueta
Desde mi primera comunión pude abrir mis sentidos al mundo de la imagen, ya que uno de los regalos fue mi primera cámara de fotografía: una Kodak y un reloj Kienzle era alemán con números y agujas fluorescentes. También mantengo una basta colección de medidores del tiempo junto a mi colección de plumas. Para mi, la cámara de fotos , era como la chistera de un mago. Me cautivó y sigo siendo un prisionero de ella.
Magnífico edificio el que inaugura en la calle Maestranza para la Hidroeléctrica
del Chorro. Un proyecto de Joaquín Loring Heredia e Isabel Heredia Loring. La
empresa opero desde 1903 hasta 1967 que se le otorgó la explotación a la
Compañía Sevillana de Electricidad
Desarrollar una intimidad con la cámara, me dejó conocerla de cerca y en poco tiempo podía sacar de la chistera muchas ilusiones o sueños que tenía en mi mente y verlas en blanco y negro en mis primeras fotografías a las que debía esperar que regresaran reveladas del laboratorio. Era como un sortilegio abrir el sobre y ver como un instante del tiempo había quedado plasmado en trozo de papel.  Era pura magia.

Paseo de Reding, Plaza de Toros, Torre de El Chorro, y Hospital Noble. Se
puede observar las calles Puerto, Maestranza y al fondo mi calle; la calle Arenal
No era precisamente mi padre, al que adoré siempre, un dechado de virtudes artísticasy me consta que de joven fue un amante del buen cante, del baile, amigo de la Niña de los Peines o escuchar los cantes con aires de ida y vuelta de Rafael Flores “El Piyayo” en el Bar que puso en marcha poco después de llegar a Málaga. Aunque siempre estuvo metido de lleno en el mundo del automóvil. Al menos así lo apuntaban en reuniones cuando escuchaba a mi padrino Juan Romero de la Colonia de Santa Inés, buen taurino y gran amigo de mi padre junto al abuelo materno Justo. A este último le vi lucir polainas, guantes, chistera y bastón. Tenia un porte elegante, serio como si fuera actuando una de aquellas maravillosas películas del blanco y negro. Pero tenia el candor y el corazón de abuelo.
No sería un hombre versado a docto en artes escénicas, teatro o literatura; pero fue un extraordinario padre y amigo. Fue un montañés que trabajaba de sol a sol para que en su casa no faltara nada. No recuerdo haber pasado aprietos en ningún momento de mi vida en la casa familiar. Tenía un sexto sentido que se magnificaba a través del trabajo diario que le hicieron grande muy grande en todos los sentidos. Llegó a la cabeza del Sindicato del Transporte de Málaga,

La Farola, único faro con nombre femenino, fue obra del ingeniero Joaquín
Maria Pery y comenzó a funcionar desde 1817
Inflexible con su forma de pensar, cariñoso y sobre todo, lo que más recuerdo es su incansable disposición para trabajar y aprender siendo autodidacta y muy justo como persona en casi todo cuando le tocaba decidir. No tuvo una base de preparación ni estudios; con apenas 12 años, como nos ilustraba de vez en cuando en las sobremesas, “desde muy pequeño abandoné la escuela en Mogro (Santander) y me puse a trabajar porque éramos 13 hermanos y no había más remedio que colaborar en la casa”. Junto a mi madre su bondad y humanidad crecían en el tiempo hasta que nos dejó tras una larga y penosa enfermedad que encajó y llevó con la sapiencia de la madurez de un ser humano extraordinario.

La gente se arremolinaba para ver en bañador a las jóvenes en la playa

La jábega a tierra tras el esfuerzo de la pesca y sacar el copo a la playa.

Paseo de Reding por donde transcurría el tranvía que de Málaga
nos acercaba a la barriada del Palo
Esta es mi calle y mi barrio, como he dicho en más de una ocasión, fue lo más cerca que viví del paraíso. Es un requiebro al pasado que en la nostalgia me deja sentir el corazón y me llena de gozo el alma. Mañana seguiré recordando porque aunque parezca mentira, recordar es volver a vivir.

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