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sábado, 26 de marzo de 2016

Respetar y enseñar a respetar lo nuestro

En el recorrido de toda una vida encuentras iconos que cambian con los años, que muestran al propio creador, al ser humano con su genialidad, sus carencias y sobre todo sus limitaciones. Asumirlo es una verdad necesaria, sobre todo, para entender lo establecido por las leyes naturales. Es decir, progreso, la evolución y el desarrollo de la especie con el fin de mejorar su capacidad como seres vivos. Todas estas fases que datan desde el comienzo de nuestra existencia debería abrir la puesta de la cultura y el conocimiento compartido a lo largo del tiempo. Sin embargo, este apartado ha estado siempre en manos que no permiten, por estirpe o imposición, el acceso al resto de la comunidad al conocimiento para el desarrollo personal.

Florece con adelanto la jacaranda para acompañarte Señor en
tu Pasión por las calles de Málaga. ©Antonio Diestro
La ciudad es un Templo viviente donde las Cofradías o Hermandades muestran
su respeto en cada recorrido de sus trenes por las calles malagueñas. ©Antonio Diestro
Recuerdo una palabras del Ilustrísimo profesor Fernando Wullf Alonso catedrático de Historia de la U.M.A. y miembro de número de la Academia Andaluza de la Historia en su discurso de contestación al nombramiento de María Luisa Gómez Moreno como miembro numerario de la Academia Andaluza de la Historia tras su magnífica exposición. En un momento de su discurso se refiere a la verdad con que se afronta el trabajo bien desarrollado, planteado y explicado, despojándolo de adornos y zarandajas. El ilustre profesor cierra el silogismo con unas conclusiones irrefutables: “Cuando se llega a desmontar tanta falacia y tanta estupidez..el trabajo de historiador, investigador social o geográfico, adquiere una dimensión sublime. Debemos conocer nuestra historia para poder entender el presente". Recuerdo una anécdota, puntualizaba Fernando Wullf, que ocurrió en Italia cuando D´Annunzio se cargó un día con una frase al futurista Marinetti, estamos hablando de gente seria, donde D´Annunzio le llamó “Un imbécil fosforescente”.

Bajo el azul del cielo malagueño recorres la ciudad. ©Antonio Diestro.
El interés en Semana Santa por conocer sus detalles es significativo.
©Antonio Diestro
Fernando Wullf siguió en su alocución afirmando “Estamos rodeados de imbéciles fosforescentes que ignoran la realidad”. Me sumo y comparto esta sentencia del ilustre académico; sobre todo, porque si observamos la “verdad” que nos rodea, nos damos cuenta de la mediocridad que nos invade en general, salvo algunas excepciones: lógicamente toda generalización lleva implícita un margen de injusticia, pero la pobreza cultural y espíritu se mejora que acompaña a la mayoría es muy malo y con un nivel muy bajo; esto es así.
Málaga muestra al mundanean forma diferente de entender La Pasión.
 ©Antonio Diestro
“La realidad, ... es ... el dolor, es ... el desconcierto de mucha gente ante un mundo que cambia y los que tienen el poder no ayudan a que este mundo cambie de otra manera, sino que cambia para el beneficio, quizás de ellos… pero sobre todo...para algo que es muy triste, porque nada hay más triste que prevalezca: la estupidez”. Terminaba en parte de su alocución Fernando Wullf con esta sentencia.

La iconografía que recorre nuestras calles muestra tu Pasión. © Antonio Diestro
En tu rostro se refleja la infinita bondad de tu corazón. © Antonio Diestro.
Palabras que nos deberían llevar a reflexionar sobre muchas de nuestras actuaciones como pueblo. Me refiero a comportamientos de educación fallida en convivencia, capillitas recalcitrantes, personajes sectoriales, palmeros sonrientes no otorgan el respeto a una muestra de sentimientos encontrados como es “La mejor Semana Santa del Mundo”. Si, esta. … la mejor, ...la de mi ciudad... Debemos seguir mejorando en muchos aspectos que nos colocan como sociedad en la cuerda floja.

Nuestras tradiciones y sus liturgias deben ser premisas de las respuestas en el
tiempo para que las futuras generación encuentren la fuente de nuestra estirpe
y se enriquezcan con todo el legado de nuestra cultura. © Antonio Diestro
No soy quien para permitirme el lujo elevar el látigo para reclamar más cultura y educación para ganar en respeto, ni nadie que se atreva, sencillamente por convicción, a formular qué comportamiento debe tener un malagueñ@ o visitante en esta tiempo que dedicamos a recordar la Pasión del Señor.
Me crié, como manifesté en escritos anteriores, en la España de los 50´s, con un el cariño de mi familia y el guiño que siempre mi madre nos enseñaba para percibir la cultura que nos regalaba con  su conocimiento; además escuchando las “Cartas al Viento” de Gonzalo Fausto, la BBC, Radio Budapest o Radio España Independiente. Crisol de conceptos que debía asimilar y con alguna que otra aportación cultural de vanguardia que determino mi formación juvenil. Me refiero al teatro malagueño de mi barrio y las lecciones de señorío y cultura de Ángeles Rubio en el Ara para difundir la palabra de los libros, de los clásicos y la vanguardia teatral de aquellos tiempos, que no era poco. También viví de cerca nuestra Semana Santa y viví los cambios que de los cincuenta a los sesenta se efectuaron con rapidez en nuestra ciudad.

La Semana de Pasión es un museo que discurre por nuestras calles. ©Antonio Diestro
Cuantas cosas cambiaron en ese espacio de tiempo, conceptos, estilos, personajes; sencillamente era la búsqueda de nuestra identidad que da paso a una Semana de Pasión sublime para el siglo XXI. Tan sólo un ejemplo, recordar que los hombres portadores de trono se buscaban en el pueblo, sobre todo, en los estibadores del puerto y se les pagaba para sacar la mejor iconografía para mostrarla cada día de la semana como si del mejor museo se tratase. Al menos para mi, cada trono es una obra de arte y en su recorrido pasional por las calles de Málaga muestran su personalidad infinita y derraman a los que esperan su paso toda la bondad de la historia de Jesús y su Madre. La esencia sigue viva y los malagueñ@s junto a las muchas personas que nos visitan desean una Semana Santa con su liturgia adaptada a nuestros tiempos pero sin perder un ápice el legado de personalidad recibido. Es nuestra responsabilidad educar e instruir, sobre todo, a los más pequeños enseñando que esta tradición es parte de nuestra identidad como pueblo y fomentar el respeto a todo lo que significa, es y seguirá siendo. Una semana donde el arte de la Pasión sale a la calle para orgullo de todos recordando el calvario y muerte de Jesús con el inmenso dolor de su Madre en cada trono malagueño. Además de mostrar el delicado e impagable trabajo de muchas personas y hermandades que durante todo el año se afanan en el mantenimiento y conservación del arte sacro de nuestra Semana Santa.

Las salidas de los tronos malagueños es gratificante. ©Antonio Diestro.
Las Hermandades trabajan en muchos frentes todo el año. ©Antonio Diestro.
Los tronos de la Virgen son espectaculares y al paso malagueño marcado
por los hombres de trono, parece que caminan por las calles. © Antonio Diestro. 
En otra ocasión daremos un repaso a los artistas que han permitido con sus creaciones recrearnos en estos iconos del paso malagueño. Desde aquí, en la pequeña tribuna de una vida que va dejando paso a otros menesteres, la Málaga Cofrade y los malagueños en especial solicitamos un homenaje para la familia Palma por su arte y reconocidos méritos a favor de La Semana Santa de Málaga.


Fotografía de un buen amigo y artista de la imagen: Cristo. © Arciniega
Por ello, uno de los grandes pecados de nuestro tiempo tiene mucho que ver con la estupidez; que lamentablemente desemboca en la mediocridad que nos invade;  porque teniendo los medios para aprender, mejorar y doctores a quien consultar, la mayoría prefieren ignorar que no exime de responsabilidad. Una ciudad de tener la ósmosis necesaria para que sus habitantes crean en ella y estos renglones están escritos en su historia y lo escriben sus gentes. No existe más ciego que el que no quiere ver. Nuestra Semana Santa es una de nuestras manifestaciones como pueblo que debe permanecer como su liturgia sin una macha en todo su desarrollo anual. Málaga y su historia lo agradecerán en el tiempo.

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