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miércoles, 8 de febrero de 2017

A nuestro pasado desde el presente: Museo de Málaga (I Parte)

Dejemos a sus "señorías" con sus trapos sucios, donde reina la mediocridad y hablemos de otras cosas más serias, con más enjundia, categoría y que llenan el alma de cultura e identidad con nuestra tierra. Como todo lo magnífico, obra de arte o creación artística tiene su principio. El Museo de Málaga tan añorado y querido por los malagueños es un eslabón encontrado y ya podemos mirarnos en la historia y darle gracias a muchos ilustres personajes que se preocuparon, además de vivir, conservar y ampliar el patrimonio del concepto de ser malagueño.

Los malagueños ya tienen el museo que querían: Un libro de su propia historia
Recordar como se refleja en el Museo que a mediados del siglo XIX se efectuaron importantes descubrimientos arqueológicos an la provincia de Málaga. Muchas de las piezas encontradas fueron adquiridas en el tiempo por los marqueses de Casa-Loring, Jorge Loring Oyarzábal y Amalia Heredia Livermore. Amantes del arte y la cultura fueron dando cabida cabida en su propiedad a una de las más grandes y notables colecciones privadas de nuestro país. Todo este acerbo cultural estaba ubicado en la finca de ”La Concepción” situada a las afueras de nuestra ciudad.

Pintura familiar de una escena en la Finca de la Concepción de los
marqueses de Casa-Loring. © Antonio Diestro
Fallecidos los mecenas y vendida la hacienda, la colección sufrió diversos avatares y aunque muchas piezas, sobre todo las de gran tamaño permanecieron en su emplazamiento, otras se incorporaron al Museo Arqueológico Provincial de Málaga en su fundación en 1947, dando origen como reiteraba lineas arriba, al actual Museo de Málaga. Todo tiene un porqué y aquí están las bases de nuestro querido y ansiado pasado. Desde la prehistoria, sus habitantes como pobladores de nuestras tierras, sus legados e historia. Todo ello forma parte de nuestra identidad como malagueños como nos muestra el recorrido por las diferentes salas del Museo. Sencillamente me siento orgulloso de ser malagueño.

Obras que iniciaron el patrimonio del Museo Arqueológico de Málaga que se
 incorporado en el Museo recién inaugurado. © Antonio Diestro
Los posos de tanta cultura y mezcla han dejado en la historias los sedimentos que nos otorgan nuestra identidad como pueblo mediterráneo. Es, sin duda la sangre que fluye por mis venas, es el aire que respiro en en definitiva; la evolución de los tiempos que se refleja en la Málaga de hoy, esa que rezuma cultura por sus cuatro costados.

El hombre ha dejado testimonio de su existencia en las grutas y cuevas de
nuestra geografía. © Antonio Diestro
Según reza en la información del Museo de Málaga y avalada por técnicos en geología, nuestra provincia ha sido muy dada a la formación de cuevas naturales que durante el Paleolítico ocuparon grupos del “Homo sapiens neanderthalensis”, especie que se estinguió en favor del “Homo sapiens”. Esta ocupación ha dado en el transcurso de los siglos unos excepcionales yacimientos como los de Nerja, Zafarraya y Bajondillo o impresionantes muestras del rupestre como son los santuarios de la Pileta o Ardales.

Esta ocupación ha dado en el transcurso de los siglos unos excepcionales
yacimientos que prueban su existencia. © Antonio Diestro
También el Museo de Málaga nos recuerda que muchas de estas cuevas o cavidades fueron utilizadas en el Neolítico como espacios estables o enterramientos funerarios. Con los descubrimientos obtenidos, los expertos han podido descifrar la difusión y el arraigo de las primeras prácticas agrícolas y ganaderas por la cuenca mediterránea occidental.

Junto al restos encontrados en los yacimientos, de fondo una vista
de lo que pudo ser una Málaga ancestral junto al mar. © Antonio Diestro
A través de los siglos también se han creado cuentos y leyendas sobre grandes tesoros que fueron enterrados o simplemente se ocultaron para que no fueran usurpados. No se cree que esto fuera una práctica habitual, pero las leyendas sobreviven en el tiempo ha llegado hasta nuestros días. Incluso por buscar uno de esos tesoros el suizo Antonio de la Nari falleció en 1847 al detonar los explosivos con intentaba abrir una vía en la cueva que lleva su nombre. 

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